Las casas patio de Mies van der Rohe: un jardín de la modernidad. Una lectura desde el concepto de pluralidad y desde la tercera naturaleza

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  • paginas: 140-145
  • Resumen: En este artículo, el proyecto de las casas patio de Mies van der Rohe se plantea como un jardín de la modernidad; en sentido alegórico, como un espacio trascendente que supera el sentido de utilidad. Este singular y emblemático proyecto se comprende en contraposición a una visión positivista y economicista que también ha absorbido la práctica arquitectónica. La lectura que se propone de este proyecto hace una particular mediación con el concepto de pluralidad, de Hannah Arendt en su crítica a la emergencia del Mundo Moderno, y al concepto de la tercera naturaleza o el jardín como arquitectura del paisaje.
  • Palabras clave: jardín, modernidad, pluralidad, tercera naturaleza, casas patio
  • Abstract: This article allegorically presents Mies van der Rohe’s courtyard houses project as a modern garden: as a transcendent space that surpasses a sense of utility. This unique and emblematic project can be understood in contrast to a positivist and economistic vision that architecture as a discipline has also absorbed. The suggested way to interpret this project is closely related to Hannah Arendt’s concept of plurality in her critique of the emergence of the modern world and to the concept of “the third way” or the garden as landscape architecture.
  • Keywords: garden, modernity, pluralism, “the third way”, courtyard houses
  • Resumo: Neste artigo, o projeto das casas-pátio de Mies van der Rohe se propõe como um jardim da modernidade; em sentido alegórico, como um espaço transcendente que supera o sentido de utilidade. Esse singular e emblemático projeto é compreendi- do em contraposição a uma visão positivista e economicista que também absorve a prática arquitetônica. A leitura que se propõe desse projeto faz uma particular mediação com o conceito de pluralidade de Hannah Arendt, em sua crítica à emergência do Mundo Moderno, e ao conceito da terceira natureza ou do jardim como arquitetura da paisagem.
  • Palavras-chave: jardim, modernidade, pluralidade, terceira natureza, casas-pátio
  • Recibido: 25/11/2015
  • Aprobado: 07/10/2106
  • Modificado: 30/10/2016

Podemos sintetizar lo dicho hasta ahora con estas palabras: en el espacio moderno lo privado se expone, lo doméstico se anula, lo íntimo se castiga.1

El advenimiento de la modernidad ha traído consigo la escisión de la esfera pública y la esfera privada, el auge de lo social2 y el nacimiento del individuo. Lo social es “el auge de la administración doméstica”,3 del dominio del hogar o de la familia en la Antigüedad a la “luz de la esfera pública”4 en la Modernidad. El auge de la administración doméstica en la esfera de lo público es la condición que va a permitir contemporáneamente —de forma prevalente y desde el inicio de la Modernidad— el desplazamiento de lo político a lo económico en el dominio de la esfera pública.

Este texto plantea que el proyecto de las casas patio de Mies van der Rohe es un jardín de la modernidad, en sentido alegórico, y su revisión como proyecto desde una interpretación contemporánea puede considerarse una alternativa al individuo de la economía liberal —modelo hoy dominante las diferentes dimensiones de la vida humana— y la posibilidad del reconocimiento de la pluralidad5 como condición de la verdadera construcción de lo común y, por extensión, de lo público. El punto de partida es el estudio del proyecto de las casas patio de Mies van der Rohe desde la cuidada reflexión de Iñaki Ábalos, en La buena vida, en el capítulo de la casa de Zaratustra,6 que es su exposición sobre este proyecto. En este, Ábalos cuestiona el sentido funcionalista que ha mediado en la visión positivista del mundo y presenta este particular y emblemático proyecto como una búsqueda de sentido trascendente de habitar, una visión personal y autobiográfica, una modernidad alternativa a la visión de la modernidad positivista.

Para develar y comprender el sentido de la hipótesis, el texto propone la mediación de dos conceptos: pluralidad, en Hannah Arendt, y terza natura o tercera naturaleza, en John Dixon Hunt. El primero recupera la dimensión del individuo como sujeto, y no desde el sentido de individualismo propio del liberalismo económico. La cualidad humana es, desde Arendt, la pluralidad. Para comprender la pluralidad en Arendt, exige ponerla en el contexto de la emergencia del mundo moderno y en la vita activa, expresión con la que Arendt designa lo que para ella son las tres actividades fundamentales de la vida del hombre en la tierra: labor, trabajo y acción. El segundo concepto, terza natura (tercera naturaleza), trasciende la condición del artificio humano y corresponde a la idea de jardín (en este texto comprendido en un sentido alegórico). La terza natura se encuentra en la trilogía de las tres naturalezas7 que estudia y propone contemporáneamente John Dixon Hunt.

Hannah Arendt, la emergencia de la modernidad y la vita activa

La modernidad trae nuevos actores y escisiones que el tiempo precedente no conocía. Se trata del auge de lo social y del individuo, que van a cambiar por completo la comprensión del mundo, y también la experiencia y la forma como habitamos en el mundo. El factor de estas transformaciones, desde la interpretación de Hannah Arendt, está en la emergencia de nuevos actores que la Antigüedad y la Edad Media Dentro, de la genealogía de Occidente, no conocían. El surgimiento de la sociedad y del individuo son construcciones propias de la modernidad, y la emergencia de estos nuevos actores tiene consecuencias en el territorio y en la forma en que habitamos.

Arendt tiene el mérito de recuperar de los griegos el concepto de política, especialmente el de Aristóteles en la modernidad, y a su vez el reconocimiento del individuo como sujeto. El concepto pluralidad es la condición que permite la acción, y para Arendt la acción es una de las tres actividades que para ella constituyen la vita activa. Las tres actividades fundamentales8 de la vita activa que plantea en el libro La condición humana son: labor, trabajo y acción.

Para Arendt, la labor está referida a los procesos biológicos, a la supervivencia humana, a la mera vida. En este sentido, su temporalidad es limitada, de hacer que el hombre se mantenga vivo. De ahí hace parte la agricultura, es decir, su sentido es la supervivencia humana; pero ella hace parte de la construcción humana. En las tres naturalezas, la agricultura es posible leerla como una segunda naturaleza, es una intervención antrópica en el territorio, es una construcción cultural. No en vano, las palabras cultivar y cultura tienen su origen en la palabra latina colere. Este vocablo latino sugiere tanto la construcción tangible como la intangible; pero hay un origen en lo táctil, en lo espacial. El sentido de la actual palabra cultura tiene su origen en la forma como el hombre transformó el territorio para garantizar su supervivencia; es precisamente el dominio de la agricultura, la crianza y el dominio del campo, o del espacio. El prefijo agri viene del griego argos, que significa campo.

El trabajo, que se refiere a aquello “que proporciona un ‘artificial’ mundo de cosas, claramente distintas de todas las circunstancias naturales”,9 es —como ella lo define en el capítulo homónimo (trabajo10)— “el carácter duradero del mundo”. El sujeto de esta actividad es el Homo faber, el responsable del artificio de la vida. En este artificio está, como inicia el capítulo, “el trabajo de nuestras manos”. Esta actividad va desde la creación de herramientas que permiten al sujeto de la actividad de labor, el animal laborans, cumplir con su actividad biológica de supervivencia, hasta otras construcciones que sugieren una mayor trascendencia y permanencia como el sentido de la construcción y del arte. La arquitectura es trabajo, porque se trata de un artificio, del dominio de la técnica de la construcción, es una tecnología en el sentido más puro.

La acción, la actividad más elevada es aquella “única actividad que se da entre los hombres sin la mediación de cosas o materia, corresponde a la condición humana de la pluralidad, al hecho que los hombres, no el Hombre, vivan en la tierra y habiten en el mundo”.11 Justamente, la acción permite la política, porque —como bien aclaraba Hannah Arendt en la entrevista hecha por Günter Gaus, en 1964—, ella no pertenecía al círculo de los filósofos, sino al de la teoría política. Su argumento se basa en que la política solo es posible entre los hombres y no del hombre. Para Arendt existe una tensión entre política y filosofía,12 entre el hombre como ser pensante y el hombre como ser de acción.

Las tres naturalezas

La primera naturaleza es la primigenia o sin intervención humana, que Hunt propone como punto de partida; la segunda naturaleza, alteram naturam,13 corresponde al paisaje cultural, el que ha sido intervenido por el hombre, y la tercera naturaleza o el jardín,14 es la que trasciende el paisaje cultural y refiere un sentido alegórico.

A partir del concepto de alteram naturam,15 Hunt introduce el paisaje cultural, la transformación antrópica del territorio. Al establecer esta segunda naturaleza, la primera se refiere a una naturaleza no intervenida, primigenia, quizás en el mundo contemporáneo inexistente. La terza natura hace referencia al concepto de jardín; este trasciende el sentido del paisaje cultural, porque se trata de un espacio que está por fuera de un sentido utilitario, consistente en una eutopía. La idea de jardín, de la invención de los humanistas renacentistas,16 de la terza natura,17 trasciende el paisaje cultural o alteram naturam (segunda naturaleza) de un modo más profundo y complejo que la experiencia humana. Esta invención sugiere también el sentido hedonista y no utilitario.

La construcción del paisaje cultural es el producto de la actividad del hombre en la transformación del territorio. Sin embargo, desde el concepto de trabajo en Arendt, no toda transformación es parte del artificio que él define. La agricultura, como actividad, es una intervención antrópica; no es natural. Si lo natural se asume como aquello donde no ha existido intervención humana; pero lo es por tratarse de una actividad natural del hombre, y de su necesidad de subsistencia. La agricultura consiste en ciclos cortos desde la vida humana, propio del proceso de subsistencia, mas —en el proceso mismo— la temporalidad es limitada. La permanencia está en la técnica. Es ahí donde el artificio se hace evidente. La construcción del paisaje cultural no es necesariamente un artificio desde el concepto de trabajo, porque la acción que media es la de un proceso vital de subsistencia, un proceso biológico. Sin embargo, el artificio sí existe como intervención humana. El “jardín como la arquitectura del paisaje”,18 como el artificio más elaborado y que sublima el paisaje cultural, se propone en un sentido alegórico para la interpretación del proyecto de las casas patio de Mies como un jardín de la modernidad.

Arendt y la pluralidad

En la modernidad, la pluralidad en Hannah Arendt es precisamente el concepto que recupera lo político y la política. También recupera la dimensión del individuo como sujeto, y no el sentido de individualismo, propio del liberalismo económico. La cualidad humana es, desde Arendt, la pluralidad. Es como se muestra cada individuo en la diversidad, y es en la diversidad donde es posible la existencia de la esfera pública. Luego, la esfera pública es el espacio de aparición de lo diverso. Si bien ya otros antecedieron a esta autora al recuperar el concepto de lo político —como Gramsci—, Arendt va a hacerlo más cercano al sentido de la Antigüedad, especialmente en Aristóteles. El gran aporte que ella hace es el doble sentido de recuperar lo político, pero a través del conocimiento del individuo como sujeto único y en la pluralidad, en lo diverso.

El conflicto del materialismo19 y del liberalismo económico radica en que coinciden en reducir a la sociedad civil a la dimensión económica, cuya consecuencia es simplificar la dimensión del individuo a un sentido genérico con el problema que implica que no existe el espacio del sujeto ni de lo diverso, y a negar la dimensión cultural y política de la acción humana. Para Arendt la política es posible por la pluralidad, la acción y el discurso. Sin embargo, es necesaria la pluralidad para que sean posibles la acción y el discurso:

La pluralidad no es, pues, simple alteridad, pero tampoco equivale al mero pluralismo político de las democracias representativas: la función del ámbito público es, en Arendt, iluminar los sucesos humanos al proporcionar un espacio de apariencias, un espacio de visibilidad, en que hombres y mujeres pueden ser vistos y oídos y revelar mediante la palabra y la quienes son. Para ellos la apariencia constituye la realidad, cuya posibilidad depende de una esfera pública.20

Al inicio del capítulo V, de La condición humana, Arendt refuerza la necesidad primaria de la pluralidad humana en la revelación del agente en el discurso y la acción:

[...] la pluralidad humana, básica condición tanto de la acción como del discurso, tiene el doble carácter de igualdad y distinción. Si los hombres no fueran iguales, no podrían planear y prever para el futuro las necesidades de los que llegarían después, si los hombres no fueran distintos, es decir cada ser humano diferenciado de cualquier otro que exista, haya existido o existirá, no necesitarían el discurso ni la acción para entenderse.21

Las casas patio de Mies van der Rohe: un jardín de la modernidad

El jardín trasciende el paisaje cultural de un modo más profundo y complejo a la experiencia humana, y desde el Renacimiento ha significado, de forma consciente y hedonista, que trasciende también la necesidad de utilidad. Las casas patio son un jardín en sentido alegórico, como la arquitectura del paisaje, como la más refinada forma del artificio humano.

El jardín es una construcción ulterior del animal laborans, y quizás la más sofisticada del Homo faber. Las casas patio de Mies responden a una pregunta que no está mediada por la prevalencia del dominio de la economía, ni por una orientación instrumental, se trata de otra lectura de la modernidad que subvierte estas lógicas: ¿por qué un jardín de la modernidad? La visión del mundo moderno no es unidireccional; es la emergencia de un mundo que ha acogido diferentes visiones, y acá se toma partido por la visión de Arendt en reconocer la individualidad del sujeto y la posibilidad de lo común en la pluralidad.

De forma análoga, las casas patio de Mies subvierten las preocupaciones dominantes del momento en el que fue desarrollado este proyecto. Ábalos, en su preciso y sofisticado análisis, da cuenta de que la pregunta detrás de este proyecto era muy personal y autobiográfica. Quizás sea elocuente —como menciona Ábalos— el silencio de Mies sobre este proyecto: una exploración personal que no respondía al encargo de un cliente.

En este sentido, lo hace un verdadero proyecto, porque la mediación de ser un encargo no existe. Para acercarnos a las casas patio están sus exquisitos dibujos, bocetos y collages, y la palabra de Mies en diferentes entrevistas, que nos dan cuenta de su talante y de su postura frente a la práctica.

Esta particular lectura busca hacer un homenaje a Mies en dos sentidos: por un lado, en las lecciones que encontramos directamente en el proyecto, en la forma como sus dibujos nos han develado huellas para su interpretación; también las lecciones la lectura de obras desde los proyectos para él influyentes en su obra, sin otra mediación que su propia experiencia.22 Es importante señalar la profunda influencia que tuvo en Mies la obra de Berlage. Él la estudio con detenimiento a través de la lectura de sus libros y del contacto directo con su obra, y a través Berlage acoge Mies la tradición textil de Semper.23 Se trata de una experiencia ilustrada y crítica que le permitieron un mayor refinamiento en su propia obra.

Por otro, la importancia de la filosofía para abordar los problemas de la arquitectura. Mies decía “Mi filosofía arquitectónica procedía de la lectura de libros de filosofía”.24 La licencia de interpretación de Ábalos de este proyecto está mediada por Nietzsche; por ello la alusión al referirse a este proyecto como la casa de Zaratustra. Mies estuvo dentro de un círculo intelectual bajo la influencia de varios filósofos, entre ellos de Nietzsche.25 La licencia de interpretación que se hace acá es con Arendt, y no se trata en modo alguno de sugerir una conciliación, sino el valor de la filosofía política y del pensamiento de Arendt para acceder a darle sentido a este particular proyecto desde la lectura del jardín en sentido alegórico. La pluralidad, como la posibilidad de reconocer la individualidad del sujeto, rescatarlo de la estandarización instrumental, es el punto central que devela Ábalos, y por ello la pluralidad, como la condición humana, permite la aparición de lo diverso.

Las casas patio tienen la particularidad de tener un lenguaje común,26 el repertorio de un sistema que permite la diversidad, presente en la obra de Mies, y muy particular en este proyecto. La condición de las casas patio de no ser un encargo, de esta inquietud personal y autobiográfica de Mies, refuerza el sentido alegórico del jardín de la modernidad por el sentido mismo que esta búsqueda implica. Podemos reconocer en este proyecto su condición de proyecto visionario,27 análogo como los proyectos de visionarios de Boullèe. Se trata de proyectos no construidos, que coinciden en una profunda conciencia técnica, en una gran precisión evidente en cómo el dibujo devela las intenciones materiales y técnicas. En ambos se trata de proyectos que buscan respuesta a preguntas de su tiempo, al sentido civilizador28 que Mies exige de la arquitectura; por esto no se trata en modo alguno de proyectos utópicos; no es en el caso de Boullèe y tampoco el de Mies.

Ábalos hábilmente reconstruye la imagen de este proyecto con una precisa interpretación de los dibujos. Es un proyecto que diluye a la familia y radicaliza al individuo, no en términos de un individualismo, sino de la individualidad y de la singularidad del sujeto en la pluralidad de Arendt.

Es la imagen de un habitante metropolitano. Es una casa que solo puede estar en una ciudad, por lo sofisticado de su interior y materialidad, por la condición de un programa que renuncia a cualquier sugerencia de estar en el campo, que necesita aislarse, que construye un interior radical con el repertorio del lenguaje común de Mies, con el arquetipo del pabellón. Quizás Mies visualiza de forma temprana29 el mar urbano de la indiferenciación, que el fenómeno de la urbanización ha iniciado, en la necesidad de fijar y radicalizar los límites para construir el interior de la esfera privada e íntima que pudiera permitir la aparición de lo común y lo público a través de límites claros.

Es posible inferir esta interpretación desde el conjunto de edificios que él desarrolla al final de su obra en Norteamérica: el Seagram Building, en Nueva York; el Dominion Center, en Toronto; El Federal Center, en Chicago, y el Westmount Square, en Montreal. Pier Vittorio Aureli30 analiza estos proyectos como grupos de islas en el mar de la urbanización a través de un prototipo claro: un plinto que acoge un conjunto de volúmenes definidos que permite demarcar de forma diáfana el espacio público. Para Aureli, es la posibilidad de establecer una relación agonística en sentido de competencia con el espacio urbano circundante. Comparten estos proyectos con las casas patio la clara intencionalidad de separarse del tejido urbano existente; pero de modo que lo integra con una gran sensibilidad y precisión al lugar en las casas patio, con la radicalización por la exacerbación del espacio interior, de la esfera privada y de lo íntimo.

Las casas patio de Mies, desde esta lectura particular, sugieren un conjunto de lecciones como método y validez de un proyecto visionario, y acá reside el sentido alegórico al leerlo como un jardín de la modernidad, sensible a su tiempo y que ha sublimado unas lógicas economicistas. Se trata de verlo como una arcadia,31 crítica que puede conciliar al individuo en su condición diversa y la pluralidad como la posibilidad para recuperar al individuo del individualismo y permitir la coexistencia entre ellos.


Notas al pie

1 Ábalos, La buena vida, 75.

2 Ver el auge de lo social en Arendt, La condición humana, 61.

3 Ibid., 61.

4 Ibid.

5 Véase el concepto de pluralidad en ibid.

6 La casa de Zaratustra es el nombre del capítulo que Ábalos da al de la casa patio de Mies, en correspondencia con el pensamiento de Nietzsche, y que Mies, según la investigación, accedió a su literatura a través de su círculo de amigos intelectuales. Ábalos, La buena vida, 25.

7 Hunt, Gardens and the Picturesque.

8 Según Arendt, “son fundamentales porque cada una corresponde a una de las condiciones básicas bajo las que se ha dado al hombre la vida en la tierra”. La condición humana, 35.

9 Ibid.

10 Se trata del capítulo IV de La condición humana.

11 Ibid., 35.

12 En la entrevista que Günter Gaus le hace a Hannah Arendt, en 1964, en respuesta a la afirmación del entrevistador, quien la considera filósofa política, y que Arendt categóricamente rechaza, al declarse teórica política. Esta precisión también puede verse en La condición humana, cuando ella aclara —desde su visión— que la política solo es posible entre los hombres y no del hombre. Ella establece la diferencia que existe entre el hombre como ser pensante, en alusión a la filosofía, y el hombre con ser de acción, en alusión a la política. “That is, between man as a thinking being and man as an acting being, there is a tension that does not exist in natural philosophy, for example”. Arendt, “What Remains?”.

13 John Dixon Hunt introduce el concepto de segunda naturaleza a partir del concepto de alteram naturam, de Cicerón, al referirse a la naturaleza que ha sido modificada e intervenida por el hombre. “The Roman writer Cicero termed what we would call the cultural landscape as a second nature (alteram naturam). This was a landscape of bridges, roads, harbours, fields —in short, all of the elements in which men and women introduce into the physical world to make it more habitable, to make it serve their purposes”. Hunt, Gardens and the Picturesque, 3.

14 Véase Hunt, Gardens and the Picturesque, 3 y 4. Se infiere en el libro de Hunt que Giacomo Bonfadio o Jacopo Bonfadio es quien acuña el término tercera naturaleza (terza natura) para referirse a la idea de jardín. Esto quiere decir que trasciende el paisaje cultural. Indica una condición ulterior a su sentido.

15 Ibid., 3.

16 “But because Renaissance humanist implied by their invention of third nature, gardens go on stage further than the cultural landscape of second nature in representing the extent and the significance control over environment, garden may arguably represent a more refined, more acute, and more intricate expression of human experience”. Ibid., 9.

17 “Gardens were worlds where the pursuit of pleasure probably outweighed the need for utility and accordingly were the utmost resource of human intelligence and technological skill were invoked to fabricate an environment where nature and art collaborated”. Ibid., 4.

18 Propuesta de interpretación metafórica de la idea de jardín desde la lectura de John Dixon Hunt, de Carlos Rueda, Bekleidung.

19 “El error básico de todo materialismo en la política —y dicho materialismo no es marxista y ni siquiera de origen moderno, sino tan antiguo como nuestra historia de la teoría política— es pasar por alto el hecho inevitable de que los hombres se revelan como individuos”. Arendt, La condición humana, 212.

20 Birulés, “Introducción”, 21.

21 Arendt, La condición humana, 205.

22 Mies menciona la gran influencia que tuvo en él la obra de Berlage. Leyó sus libros y conoció su obra en el momento del encargo de la Villa Müller, cuando trabajaba para Peter Behrens. Él menciona que conoció a Hendrik Petrus Berlage, pero que nunca hablaron de arquitectura. Véase Puente, Conversaciones con Mies van der Rohe, 54 y 55.

23 Rueda Jiménez, Bekleidung. Véase el aparte 14 del capítulo tres, “Los velos de las caríatides”, 145-148.          

24 Puente, Conversaciones con Mies van der Rohe, 55. Iñaki Ábalostambién lo indica citando directamente a Mies: “solo a través del conocimiento filosófico se revela el orden correcto de nuestras tareas  y a su través el valor y la dignidad de nuestra existencia” (Mies van der Rohe, 1927), en Ábalos, La buena vida, 21.

25 Ábalos, La buena vida, 20 y 21.

26 Mies se refiere en la entrevista hecha en Nueva York, en 1955, a que él había trabajado sobre arquitectura, la arquitectura como lenguaje. Por lenguaje común se refiere a principios generales que pueden construir una gramática; se trata de un lenguaje que debe ser vivo. Véase Puente, Conversaciones con Mies van der Rohe, 56 y 57.

27 El sentido por proyecto visionario se acoge a la referencia que Pier Vittorio Aureli hace de los proyectos de Boullèe, que no fueron construidos, ni algunos de ellos tenían esa intención; pero sí ha trascendido su condición emblemática. Véase Aureli, The Possibility of an Absolute Architecture, 142.

28 Mies dice que la “arquitectura solo es posible con relación a la civilización”. En este sentido, su conciencia por responder al tiempo presente está en el sentido de la civilización. Para él “la civilización es un proceso en ‘parte del pasado y del presente’, y parcialmente el tiempo está abierto al futuro, de modo que en este proceso en movimientos es difícil encontrar lo característico de la civilización”. Sin embargo, para él lo característico de la civilización, de nuestra civilización, “depende en gran medida de la ciencia y la tecnología”. Véase Puente, “Conversaciones con Mies van der Rohe”, 34 y 35.

29 Las casas patio de Mies van der Rohe son un proyecto entre 1931 y 1938.

30 Aureli, The Possibility of an Absolute Architecture, 42.

31 Referida al paraíso natural.


Bibliografía

1. Ábalos, Iñaki. La buena vida. Barcelona: Gustavo Gili, 2000.

2. Arendt, Hannah. ¿Qué es la política? Barcelona: Paidós Ibérica,1997.

3. Arendt, Hannah. La condición humana. Barcelona: Paidós, 2007

4. Arendt, Hannah. “What Remains? The Language Remains: A Con- versation with Günter Gaus”. En Essays in Understanding 1930- 1954. NewYork: Harcourt Brace, 1964.

5. Aureli, Pier Vittorio. The Possibility of an Absolute Architecture. Cambridge: MIT Press, 2011.

6. Birulés, Fina. “Introducción”. En ¿Qué es la política?, de Hannah Arendt. Barcelona: Paidós, 2007.

7. Hunt, John Dixon. Gardens and the Picturesque. Studies in the His- tory of Landscape Architecure. Cambridge: MIT Press, 1992.

8. Puente, Moisés, ed. Conversaciones con Mies van der Rohe. Barce- lona: Gustavo Gili, 2006.

9. Rueda Jiménez, Oscar. Bekleidung: los trajes de la arquitectura. Barcelona: Fundación Arquia, 2015.