Sobre la memoria y la arquitectura: construir la ausencia

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  • paginas: 80-87
  • Resumen: Una dimensión fundamental de la arquitectura es la memoria, que prepara el escenario para conectar el pasado con el presente y el futuro. Es intrínseca a ella, porque sin saber dónde hemos estado, no tenemos idea de hacia dónde vamos, no tenemos ninguna orientación. Existe un potencial en la arquitectura en su capacidad de narrar la memoria de los pueblos. Este texto plantea la arquitectura como un dispositivo útil para crear vínculos afectivos con el espacio y con el lugar, para preservar y evocar remanentes específicos, conectados con tiempos pasados, memorias y transformaciones en referencia a nuestra vida actual. La arquitectura tiene el potencial de hacer presente y construir la ausencia.
  • Palabras clave: arquitectura, memoria, narrativa, museo, conflicto.
  • Abstract: A fundamental dimension of architecture is memory, which prepares the stage to connect the past with the present and the future. It is an inherent part of it because without knowing where we have been we have no idea where we are going, and we therefore have no direction. There is, however, a possibility that architecture is able to tell the story of people. This article contemplates architecture as a useful tool to create emotional links between space and places in order to preserve and recall particular memories that are connected with times-gone-by, as well as reminders and transformations that make reference to our current lives. Architecture is able to construct and remind us of the past.
  • Keywords: architecture, memory, story-telling, museum, conflict.
  • Resumo: Uma dimensão fundamental da arquitetura é a memória, que prepara o cenário para conectar o passado com o presente e o futuro. É intrínseca a ela, porque sem saber onde estivemos, não temos ideia de para onde vamos, não temos nenhuma orientação. Existe um potencial na arquitetura em sua capacidade de narrar a memória dos povos. Este texto apresenta a arquitetura como um dispo- sitivo útil para criar vínculos afetivos com o espaço e com o lugar, para preservar e evocar remanes- centes específicos, conectados com tempos passados, memórias e transformações em referência a nossa vida atual. A arquitetura tem o potencial de fazer presente e construir a ausência.
  • Palavras-chave: arquitetura, memória, narrativa, museu, conflito.
  • Recibido: 24/08/2015
  • Aprobado: 18/03/2016
  • Modificado: 03/05/2016

—No nos iremos —dijo—. Aquí nos quedamos, porque aquí hemos tenido un hijo. —Todavía no tenemos un muerto —dijo él—. Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo tierra. Úrsula replicó, con una suave firmeza: —Si es necesario que yo me muera para que se queden aquí, me muero.

Gabriel García Márquez, Cien años de soledad

En septiembre de 2014, apareció un artículo de Aron Heller que llevaba por título: “Holocaust Ex- perts Work to Preserve WWII-Era Items”.1 En este, el periodista del New York Times señalaba los esfuerzos devotos que se estaban realizando para pre- servar física y digitalmente los documentos donde reposa la memoria de tan fatídica historia de la humanidad. Por esos días, expertos internacionales se reunían en un workshop en el Yad Vashem Holocaust Memorial, en Israel, para discutir los retos éticos y tecnológicos tanto de conservar los antiguos documentos como de digitalizarlos para lo- grar un mayor y fácil acceso a estos. El archivo del Yad Vashem está compuesto por un vasto cuerpo documental entre los cuales se encuentran documentos originales, libros y microfilmes, que debe tener un trato cuidadoso para su conservación. Entre estos se encuentra, por ejemplo, un diario en precarias condiciones, rescatado del incendio de una sinagoga la Noche de los Cristales Rotos, en noviembre de 1938, por los nazis.

En los últimos años, Yad Vashem se ha embarcado en la tarea de recolectar la mayor cantidad de información y objetos de por lo menos unos doscientos mil sobrevivientes y sus parientes. La meta de dicho proyecto, llamado Gathering the Fragments, es reunir la mayor cantidad de artefactos antes de que los sobrevivientes y sus historias se vayan para siempre, porque la mayor preocupación se encuentra allí. En el transcurso de los próximos años, los pocos sobrevivientes que aún quedan morirán y sus testimonios vivos pronto serán cosa del pasado. No habrá ningún ser humano que haya vivido la experiencia y pue- da relatarnos lo sucedido. Solo quedará lo que ha- yamos podido recuperar y preservar.

En 1955, el Gobierno griego erigió un monumento a un lado de la carretera que va de Atenas a Tesalónica. Es una estatua de Leónidas, rey espartano, que junto a lo más selecto de la soldadesca de Esparta se apertrecharon en las “Puertas Calientes” (Thermopylae), para enfrentar el poderío de la fuerza invasora persa, dirigida por Jerjes, gran rey de Persia. El monumento fue construido en honor de los hombres caídos en dicha batalla.

Los hombres espartanos, criados desde la edad de los siete años para la guerra, soportaron una a una, las oleadas de ataques de los más feroces comba- tientes del ejército persa. Incluyendo la temeraria guardia personal selecta de Jerjes, los diez mil inmortales. La ira del rey de los persas iba creciendo de manera directamente proporcional a las batallas que perdía frente al puñado de griegos que osadamente se resistían, hasta extremos suicidas, en pro de la libertad. Cuenta la leyenda, que Jerjes prometió borrar todo rastro de Leónidas, incluso su cuerpo, para que la historia nunca pudiera recordarlo a él, ni a sus trescientos hombres.

Hoy no queda nada de aquel lugar donde ocurrió este acontecimiento. Al menos dos terremotos, unidos al retroceso de unos cinco kilómetros del mar producido por los depósitos aluviales del río Esperqueo, han generado una transformación geomorfológica en la zona. Lo que antes fue un desfiladero, hoy es una carretera nacional que atraviesa una meseta costera amplia. El mar que antes golpeaba con furia el desfiladero, hoy solo es un murmullo de olas apenas perceptible des- de la carretera. Todo ha ido desapareciendo con el pasar de los tiempos, como desaparecieron todos aquellos que vivieron la experiencia y nos legaron, con sus relatos, lo acontecido en aquel agosto de 480 a. C.

Solo queda en el lugar una piedra laconia (Lapis Lacedaemonius), traída de Esparta, que lleva inscrito el epigrama compuesto por Símonides de Ceos y recogido por el historiador griego Heródo- to que reza: “Caminante, ve a Esparta y di a los espartanos que aquí yacemos por obedecer sus leyes”.2

Desde entonces, “las Termópilas se convirtieron en un ingrediente fundamental del mito —o leyenda— espartano. De hecho, su eco se percibe en toda la tradición cultural occidental en cuanto gesta emblemática de dos peculiaridades de helenos y espartanos: la lealtad razonada a determinada causa colectiva eminente y la abnegación demostrada en su nombre”.3 La causa: la libertad.

Aún hoy recordamos la gesta. La memoria se ha conservada mediante diferentes escritos, principalmente del historiador griego Heródoto. En muchas ocasiones, los hombres han utilizado la leyenda de las Termópilas. Los propios espartanos se encargaron de preservar la memoria. Su historia ha servido una y otra vez para recordar la grandeza de un pueblo libre. Recordarnos “el eco del antiguo ideal encerrado en el mito de las Termópilas: es el concepto de que hay valores por los que merece la pena morir, y también vivir”.4 Nos orienta, nos recuerda de dónde venimos.

Estos dos ejemplos nos invitan a preguntarnos sobre el papel de la memoria en nuestro mundo actual. ¿Cómo podemos construir y preservar la memoria? ¿Podemos evocar las experiencias vividas en el pasado a aquellos que no vivieron la experiencia? ¿Podemos construir aquello que se encuentra ausente?

Los hombres tenemos la capacidad de recordar e imaginar lugares. Percepción, memoria e imaginación se encuentran en constante interacción. Podemos reconstruir en la imaginación a través de evocar lugares y experiencias que están impresas en nuestra memoria. En el sentido etimológico, la memoria es la facultad psíquica por medio de la cual se retienen y recuerdan ideas e imágenes del pasado. Es un proceso mental que consiste en un sistema de relaciones complejas que hacen parte de la vida y la cultura humana. Existe un potencial enorme en la arquitectura en su capacidad de narrar la memoria de los pueblos. El escritor Paul Auster, al hablar de la memoria la define así: “Memoria es el espacio en donde algo pasa por segunda vez”.

Aristóteles, filósofo griego del siglo IV a. C., en su tratado “Sobre la memoria y la reminiscencia”, nos dice que “La memoria, pues, no es ni sensación ni juicio, sino un estado o afección de una de estas cosas, una vez ha transcurrido un tiempo”.5 En la teoría aristotélica de la memoria, esta pertenece a la misma parte del alma que la imaginación. Según él, todo conocimiento deriva de lo que él llama las impresiones sensoriales, es decir, que las percepciones que recibimos mediante los cinco sentidos son tratadas y elaboradas primero por la facultad de la imaginación. Estas imágenes impresas son el material de facultad intelectual. En ese sentido, la intermediaria entre la percepción y el pensamiento es la imaginación. Por esto afirma que “el alma nunca piensa sin un diseño mental”,6 pues “no se puede aprender o entender nada, si no se tiene la facultad de la percepción; incluso cuando se piensa especulativamente, se ha de tener algún diseño mental con el que pensar”.7

La memoria pertenece a la misma parte del alma que la imaginación. Es como un archivo de diseños mentales que provienen de las impresiones sensoriales, pero con un ingrediente adicional: el tiempo. Las imágenes que guardamos en nuestra memoria no se encuentran en las percepciones presentes, sino en las pasadas. En ese sentido, “puede plantearse la cuestión de cómo es posible recordar algo que no está presente, puesto que solamente está presente la impresión, pero no el hecho”. 8

Dicho “diseño mental” proviene de la impresión sensorial a manera de una pintura mental, “cuyo más duradero estado describimos como memo- ria”.9 Depende del hombre mismo que dicha impresión dure largo tiempo en su memoria o se borre para siempre. Ahora bien, “si la memoria efectivamente tiene lugar de esta manera, ¿qué es lo que uno recuerda, la afección presente o el objeto que dio origen a ella? Si lo primero, entonces no recordaríamos nada una vez ausente; si lo otro, ¿cómo podemos, percibiendo la afección, recordar el hecho ausente que no percibimos?”.10 ¿Cómo se recuerda lo que no es presente?:

Porque el recuerdo no es ni la recuperación ni la adquisición de la memoria. Pues, cuando uno por vez primera aprende o recibe una impresión sensible, no recupera uno ninguna memoria —pues no ha habido ninguna anteriormente—, ni la adquiere uno por primera vez; solamente en el momento en que el estado o la afección se producen en el interior hay memoria; de manera que la memoria no se pro- duce al mismo tiempo que la afección originaria.11

No obstante, el proceso del recuerdo implica la memoria y va acompañado de memoria, ya que uno recuerda en el presente lo que uno ha visto o vivido en el pasado. Y cuando uno no puede recordar, bien sea porque lo ha olvidado o porque no lo ha vivido, necesita la mediación de otro agente que tenga el potencial de buscar en las impresiones sensoriales para así evocar aquello que está  ausente, sea la experiencia o el objeto que se quiere recordar. La arquitectura tiene una gran fuerza y un poder de evocación considerable, ya que la memoria es una parte intrínseca de la arquitectura, una parte fundamental, porque sin saber dónde hemos estado, no tenemos idea de hacia dónde vamos, no tendríamos ninguna orientación.

“La eterna tarea de la arquitectura es crear metáforas existenciales encarnadas y vividas que concretan y estructuran nuestro ser-en-el-mundo. La arquitectura refleja, materializa y hace eternas ideas e imágenes de la vida ideal”.12 Nos orienta en el mundo, nos hace reconocernos y recordar quiénes somos, de dónde venimos y cómo llegamos a nuestro presente. A través de la arquitectura podemos percibir y entender lo que nos pertenece de nuestro pasado. Para así recordarlo, para “colocarnos en el continuum de la cultura y del tiempo”.13 La arquitectura en su esencia trata con las cuestiones existenciales del ser humano, y en ese sentido, se convierte en depositario de una memoria incorporada en un espacio físico, un recuerdo de un lugar y un tiempo. Podemos a través del espacio construido identificarnos en nuestra existencia. Lo que hemos sido y lo que hemos olvidado. Pallasmaa nos recuerda que “la arquitectura es el arte de la reconciliación entre nosotros y el mundo, y esta mediación tiene lugar a través de los sentidos”.14

En cierto sentido, podríamos afirmar que la arquitectura crea una memoria artificial. La creamos para hacernos recordar y así identificarnos. El antiguo “arte de la memoria” estaba fundado precisamente en lugares e imágenes. “Un locus es un lugar que la memoria puede aprender con facilidad, así una casa, un espacio rodeado de columnas, un rincón, un arco, u otros análogos. Las imágenes son formas, marcas o simulacros de lo que deseamos recordar”.15 La arquitectura construye lugares, que son formas impresas en la memoria de los pueblos y que evocan recuerdos:

[...] porque el recuerdo consiste en la existencia potencial, en la mente, del estímulo afectivo;y este, como se ha dicho, de tal manera que el sujeto es movido o estimulado desde el mismo impulso y de los demás estímulos que él contiene en sí mismo. Pero, se debe asegurar el punto de partida. Por esta razón algunas personas parecen recordar, partiendo de los lugares.16

Esta es la intención de la arquitectura, crear lugares, hacerlos aparecer. Vivimos la arquitectura con nuestro cuerpo. La habitamos, la recorremos, la experimentamos. Nacemos en ella y morimos en ella. A través de nuestro cuerpo y nuestros sentidos vivimos con intencionalidad en el mundo. “Las experiencias sensoriales pasan a integrarse a través del cuerpo, o mejor dicho, en la misma constitución del cuerpo y el modo de ser humano”.17 El papel de la arquitectura, su tarea primordial, es generar interacciones entre el cuerpo, la mente y su entorno. Cualquier espacio proyectado tiene la capacidad de afectar nuestro cuerpo generando asociaciones a cada universo personal. Tiene el potencial de generar experiencias conmovedoras en el ser humano. Puede crear y evocar recuerdos. Tiene la capacidad de aparecer y hacer visible nuestro pasado, aquello que ya está ausente.

Colombia es un país hundido en un conflicto que han vivido ya muchas generaciones que no han podido conocer la paz. Actualmente estamos buscando la manera de encontrar la resolución y el fin a este conflicto. Pero la tarea más difícil, y en la que realmente debemos trabajar todos juntos, es en el proceso posterior a la firma de una paz. Es en la reconciliación y en la reparación entre todos y cada uno de nosotros.18

No se trata de ningún modo de encerrar el pasado violento y cruel que hemos vivido durante más de medio siglo en un solo acto y seguir adelante. Es nuestro deber recordar, preservar la memoria de lo que fuimos, de lo que hicimos para nuestro futuro. Debemos preservar la memoria para siempre, a fin de que cuando los que hemos vivido estos tiempos violentos ya no estemos, el legado de nuestros recuerdos quede en las futuras generaciones. Es tarea de la arquitectura construir la ausencia de los actos que quedarán en el pasado, de aquellos que vivieron y sufrieron el conflicto, de las víctimas. Construir la memoria para los que quedarán, un lugar para que esa ausencia sea evocada y recordada.

¿Es posible hacer eso? ¿Es posible construir y evocar la ausencia? Lo es. “La autenticidad de la experiencia arquitectónica se basa en el lenguaje tectónico de la construcción y en la integridad del acto de construir para los sentidos”.19 Y como ya hemos visto, podemos crear “diseños mentales” en nuestra memoria mediante las impresiones sensoriales. Existen ejemplos desde la arquitectura y el arte que han enfrentado de manera excepcional el papel de la memoria. Son intenciones arquitectónicas que construyen una narrativa, donde algunas directrices son deliberadamente escogidas y presentadas por los arquitectos y artistas, conexas con tiempos pasados, que traen al presente impresiones sensoriales. Son obras que implican una interacción corporal. No se basan solamente en coleccionar objetos y exhibirlos. Es una arquitectura cuya intencionalidad es la de recuperar (rememorar) parte de una atmósfera local, una historia y una identidad, circunscrita en un espacio físico y dentro de un grupo de personas.

De esa manera el locus —el lugar— es preservado en él, a través del entendimiento del entorno (medio ambiente), de la existencia humana y de las raíces (locales), a efectos de crear así un nuevo lugar significativo para la vida contemporánea.

Es un acto, como nuevo medio, para reescribir la historia día a día, para que nuestro entendimiento del pasado y nuestra conciencia del presente, enraizadas en la memoria de lo que ha sucedido, encuentren un diálogo en nuestro presente. Una reconciliación con nuestro pasado. Así, la arquitectura se convierte en un dispositivo útil para crear vínculos afectivos con el espacio o el lugar, para preservar (rememorar) remanentes específicos conectados con tiempos pasados, memorias y transformaciones en referencias en nuestra vida actual. Su relevancia bien de lo local o de la cultura personal como significado de su historia, memoria e identidad.

El Memorial de los niños del Yad Vashem, de Moshe Safdie (1987), nos recuerda la luz de los niños que fueron apagadas tempranamente. Un espacio diseñado para escuchar las voces de los más de un millón y medio de niños asesinados. Es un espacio para permanecer y reflejarse a través de un laberinto de elementos suspendidos en el espacio que generan múltiples reflejos por medio de luces instaladas a manera de velas. Solo algunas fotografías de algunos niños revelan las caras de aquellos que murieron. El silencio, el sonido de las voces y la penumbra, solo iluminada por la imagen poética de luces, evocan al visitante las luces infantiles apagadas durante el holocausto.

El Museo Judío de Berlín, de Daniel Libeskind (1993-1998), nos recuerda las tres experiencias vividas por los judíos de Berlín: el exilio, la muerte y la continuidad después de la extinción. Libeskind transporta al visitante a través de tres ejes (corredores) que no se comprenden al tiempo. Hay que descubrirlos. Nos hace perder la orientación, dos de ellos no tienen salida, la muerte está representada en un espacio cerrado, iluminado solamente por una pequeña luz cenital. Es en realidad una torre que nos recuerda el sentimiento de estar en las cámaras de gas esperando cerrar la puerta y terminar la vida. El segundo, el del exilio, es un patio exterior, inclinado y conformado por columnas de hormigón que generan un laberinto y que en su parte superior contienen olivos traídos de Israel. Nos recuerda el sentimiento de los miles de judíos que lograron escapar; pero que, como el patio, no tiene salida, solo el permanente recuerdo de dónde se vino. El tercero es la continuidad. La esperanza de vida que a pesar del horror logró seguir en algunos sobrevivientes. Termina en un ascenso a través de una escalera que lleva a las salas de exposición que narran la historia de los judíos en Berlín.

Stolpersteine, de Gunter Demnig (1997), un proyecto artístico, recuerda al caminante de la ciudad los nombres de las personas que habitaron los edificios. Son unas piezas a manera de dados de cemento, en cuya parte superior se encuentran grabados en bronce los nombres, las fechas de nacimiento, el nombre del campo de concentración adonde fueron llevados y la fecha de su asesinato. Incrustados entre las aceras de Berlín, en frente de cada casa y edificio donde habitaron y fueron sacados violentamente para nunca más volver. Demnig logra que el caminar por la ciudad sea un constante recordar de aquellas personas.

El Monumento a los judíos asesinados en Europa (FOTO3), de Peter Eisenman (1998-2005), nos lleva a sentir la pérdida de orientación y el caminar solitario sin salida. Ese caminar en fila que diaria- mente y muchas veces al día los prisioneros de los campos hacían con la imagen en sus cabezas de algún salir por aquella puerta que siempre estaba presente a lo lejos. Caminar en solitario, ya que la distancia entre las estelas de concreto no permite al visitante caminar al lado de otro ser humano. A pesar de estar diseñado como una retícula ortogonal y que el visitante sabe que al final de cualquier camino encuentra la salida, el cambio de topografía hace perder el horizonte, lo cual genera el sentimiento de desorientación, tal como los prisioneros sentían cada vez que marchaban.

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Torre del Holocausto. Museo Judio de Berlin, Daniel Libeskind, Berlin

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Stolpersteine.Gunter Demnig, Berlín

El Memorial a los romaníes y gitanos asesinados por el Nacional-Socialismo (FOTO4), de Dani Karavan (2012), nos recuerda todos aquellos que fueron expulsados de sus ciudades natales para encontrar la muerte. Bajo el silencio del Nuevo Parlamento Alemán, el monumento refleja en un espejo de agua las siluetas de los visitantes que se mezclan con el edificio del Parlamento. Alrededor del espejo se dispersan los nombres de las ciudades de donde provenían y los nombres de los lugares a donde los llevaron, los campos de concentración. Solo una piedra en el centro que guarda una flor nos recuerda lo inalcanzable que están aquellos que se fueron.

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Monumento a los Judios Asesinados en Europa. Peter Eisenman, Berlin

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Memorial a los Romanies yGitanos asesinados por el Nacional-Socialismo. Dani Karavan, Berlin

Por último, el Memorial a las víctimas de la masacre de Noruega, de Jonas Dahlberg (2014-2015), nos revela la violenta e irreparable pérdida del ser amado. Por medio de un tajar, una sección de la isla donde ocurrieron los hechos, la tierra es separada violentamente, como fueron separados y arrebatados violentamente los seres queridos. Sus familias nunca más podrán tocarlos; así como estas dos partes de tierra tampoco lo pueden hacer. Solo los nombres de los que murieron quedan tallados en la pared generada por la tajada. Entre ellos y los visitantes hay un estrecho de agua, una separación que nos evoca el sentir que se ha arrebatado de sus manos a un ser querido.

Todas son intenciones arquitectónicas que han enfrentado el reto, en sus culturas particulares, de mantener la memoria de sus pueblos, sus acciones y sus actos de reconciliación. No son obras efímeras, son obras permanentes, intenciones arquitectónicas construidas en los lugares más importantes de la ciudad o donde ocurrieron los hechos. Al contrario de borrar los acontecimientos de la memoria, la construyen en el lugar.

Cada uno de estos proyectos ha interiorizado el paisaje, el contexto y el sentido de la memoria con el proyecto imaginado. La forma de moverse en el espacio, la orientación, la escala y las proporciones hacen sentir a los visitantes, tanto locales como extranjeros, tensiones entre su cuerpo, el espacio y la historia que los propios edificios, como lugares creados, revelan y evocan en cada una de las propuestas. Generan resonancias en sus espacios. Experiencias memorables en las cuales la arquitectura, el espacio, la materia y el tiempo se funden en una única dimensión.

Son lugares de la experiencia. Evocadores de reminiscencias del pasado. Lugares construidos que invitan a tomar conciencia y posición frente al pasado, lugares que invitan a tomar una postura política frente al uso de la memoria y particularmente frente a la barbarie del ser humano contra sí mismo. Susan Sontag nos recuerda que “la memoria es, dolorosamente, la única relación que podemos tener con los muertos. Así la creencia de que la memoria es una acción ética yace en lo más profundo de nuestra naturaleza humana”.20 Recordar es una acción ética y la arquitectura tiene la responsabilidad de permitir el recuerdo.

En nuestro caso, el que nos ha legado el conflicto colombiano por décadas, la arquitectura tiene el deber ético de construir y preservar la memoria, lugares de reconciliación. Aún como país no lo hemos hecho de manera contundente. En nuestra tradición hemos hecho lo contrario. Construimos nuevamente sobre los hechos, borrando su memoria y no dejando rastro alguno. Algunas veces hasta cambiando de sitio. El Palacio de Justicia es el mejor ejemplo de esto. Sobre el lugar de la tragedia y la masacre, se construyó uno nuevo. Ninguna generación posterior a este aterrador evento tiene algún indicio o manera de saber lo ahí sucedió. Desde el punto de vista físico, materialy de experiencia. Solo lo que aparece en los libros de historia, crónicas periodísticas y las marchas y protestas de los familiares de los seres queridos. La arquitectura tiene el deber de materializar la memoria, que no olvidemos nuestro pasado.


Referentes

1 Heller, “Holocaust Experts Work”.

2  Heródoto, Historia.

3  Cartledge, Termópilas: la batalla, 4.

4  Ibid., 240.

5  Aristóteles, Del sentido y lo sensible, 42.

6  Aristóteles, “De anima”, 432a, 17.

7  Ibid., 432a, 9.

8  Aristóteles, Del sentido y lo sensible, 43.

9  Ibid., 30.

10  Ibid., 44.

11  Ibid., 45.

12  Pallasmaa, Los ojos de la piel, 71.

13  Ibid., 72.

14  Ibid., 72.

15  Yates, Arte de la memoria, 22.

16  Aristóteles, Del sentido y lo sensible, 47.

17  Pallasmaa, Los ojos de la piel, 42.

18  En el ámbito colombiano, el debate y los proyectos se han concentrado en áreas de psicología, derecho (justicia transicional) y acciones sociales. El debate y la participación de la arquitectura no se ha hecho presente de manera directa. Algunos proyectos de vivienda para desplazados y reconstrucciones de edificaciones sin ánimo de recuperar la memoria, solamente su uso original. Algunos proyectos como el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación y la Plaza-Monumento

a los Policías Caídos son de los pocos ejemplos que tratan desde la arquitectura representar la memoria del conflicto; sin embargo, aún falta crear dichos espacios para la memoria y la reconciliación desde la arquitectura y no desde espacios programáticos desde otras necesidades. Las artes, en general, se han concentrado en su papel de denuncia social y creación de espacios dentro de ambientes artísticos, muy lejos de las comunidades afectadas. La mayoría desde una condición efímera, que por su naturaleza no queda en la memoria colectiva que mire hacia el futuro.

19  Pallasmaa, Los ojos de la piel, 66.

20 Sontag, Ante el dolor de los demás.


Bibliografía

1. Aristóteles, Acerca del Alma. Madrid: Gredos, 2010 2. Aristóteles. Del sentido y lo sensible & Sobre la me-

moria y la reminiscencia. Madrid: Aguilar, 1962

3. Cartledge, Paul. Termópilas: la batalla que cambió el

mundo. Barcelona: Ariel, 2007.

4. Heller, Aron. “Holocaust Experts Work to Pre- serve WWII-Era Items”. New York Times, 14 de septiembre de 2014, http://www.nytimes.com/ aponline/2014/09/14/world/middleeast/ap-ml-is- rael-holocaust-conservation.html

5. Heródoto. Historia, 5 vols. Gredos: Madrid, 2000. 6. Pallasmaa, Juhani. Los ojos de la piel. Barcelona:

Gustavo Gili, 2006.

7. Sontag, Susan. Ante el dolor de los demás. Madrid: Alfaguara, 2003.

8. Yates, Frances. El arte de la memoria. Madrid: Si- ruela, 2005.